(K)
Abril 28, 2008Al primer rayo de sol medianamente serio que aterriza sobre la piel, al primer amago de que aprietan los calores, de que hierve la sangre, se nos encienden los radares, nos tiemblan las manos, nos brillan los dientes. Una ley de rompe y rasga, un dictado del instinto, algo para lo que no hay vacuna, ni resistencia, ni remedio. No hay cómo hacer frente a esta llamada de la natura, a este vínculo de aceite, a este mandato divino. En cuanto el cielo se libra de las nubes y se aclaran los armarios nos buscamos como imanes en celo para usarnos como moras de colores que tiñan hasta borrar todas las manchas anteriores. No nos servimos para más que el socorro o el alivio, furioso y episódico, lo nuestro nunca será estable, ni extensible, ni siquiera compresible, no mucho más manejable que una montaña de explosivos. Sin embargo funciona porque conocemos cada detalle, cada rincón y cada muesca, cada recoveco donde compartir lo peor que somos lejos de juicios interesados y convenciones de frailes. Estamos al margen y conocemos una ruta secreta hacia la cima. Después de 9 años con este calendario al rojo nos rendimos con gusto a lo evidente: esto pervive porque no existe. Lo sentimos por los demás, pero va a seguir siendo inevitable este alarde de egoísmo. Seguiremos llamándonos cuando nos necesitemos porque estemos desgarrados, eufóricos, solitarios, alegres, tristes o, simplemente, calientes.
- Es una pena que lo nuestro no funcione.
- Sí… sí que lo es.

Publicado por Chucho