El abuelo
Un amiguete de toda la vida me ha reenviado un mail de esos en que comparan la infancia de los críos de ahora con la que tuvimos más o menos la gente de mi edad. Dice entre otras cosas que nosotros jugábamos al fútbol en la calle y regresábamos a casa con las rodillas magulladas mientras que ahora lo único que se magulla son los pulgares de jugar al Fifa o al Pro Evolution en la consola de turno.
El parque donde nosotros solíamos jugar estaba rodeado por coches aparcados y como las porterías (dos árboles a cada lado) no tenían redes cada poco rato el balón se nos iba a tomar por saco, otras veces quedaba atrapado debajo de algún coche y uno se tenía que arrastrar a sacarlo, por lo general el que lo había metido ahí, pero en ocasiones el balón impactaba contra alguno de los coches cercanos y al ruido del cuero contra la chapa siempre, siempre, siempre, infalible, salía a la terraza un abuelo con cara de muy malas pulgas a ver si era su automóvil el que había recibido el balonazo. Se quedaba quieto con las manos sobre la barandilla, la mandíbula apretada, las canas brillando al sol, fulminándonos a todos con la mirada. Al principio nos amedrentaba un poco, luego cuando veíamos que el balón volaba hacia su coche tosíamos o gritábamos gol todos a la vez para amortiguar el ruido, luego terminamos por pasar de él.
Recordé todo eso hace unos días porque dejé el coche aparcado debajo de mi casa, justo delante de un parquecito. Un buen rato después andaba enredando por el salón y escuché proveniente de la calle el inconfundible sonido de un balón impactando contra un coche. Me acerqué de un salto a la ventana como atravesado por un rayo de furia para ver si había sido sobre el mío. Ninguno de los críos miró hacia arriba así que no pude fulminar a nadie con la mirada. Mientras les veía corretear de nuevo recordé al abuelo aquel de mi infancia y sin querer, o queriendo al ver la ironía de la situación, sonreí como si hubiera caído en una trampa obvia, en una treta del tiempo, en algo que debía saber que me esperaba a la vuelta de cualquier año, sin embargo también a la vez me sentí cansado, cansado no tanto de las cuatro cosas que he hecho desde entonces como del montón que dejé sin hacer, voy cayendo en la cuenta de que ya es tarde para muchas y empiezan a ser demasiadas, demasiadas cuentas pendientes, espinas clavadas y piedras en el zurrón.
Luego hoy he encontrado en la bandeja el mail ése que decía al principio. Parece evidente que no todos los críos juegan al fútbol a través de consolas y algunos mantienen viva la antorcha de la calle y del barrio. También parece que la escena no estaría completa sin un viejo cascarrabias por los alrededores, alguien a quien la insolencia de los chiquillos le devuelva su impotencia para detener el atraco que le hizo el veloz paso del tiempo. Lo que nunca hubiera adivinado es que ése acabaría siendo yo.

es que ya no forma uno parte de ella.” Salvador Dalí
Febrero 4, 2008 a las 11:00 pm
Esperemos que tarden en salirte las canas, resplandecerás y los niños te verán antes…….
Un beso, cascarrabias ;-P
Febrero 4, 2008 a las 11:01 pm
Por cierto, la expo se inaugura el 18 de este mes, a puerta cerrada, ya te diré dónde.
Febrero 5, 2008 a las 12:56 pm
Bufff…. como nos pesa la infancia a veces, como nos recuerda todo aquello que una vez fue deseado y a lo que jamás hemos conseguido acercarnos. Todavía nos quedan algunos balonazos más por vivir, sólo espero que tus canas sean capaces de amortiguar el golpe. Un abrazo.
Febrero 5, 2008 a las 5:40 pm
Que no importa dónde haya crecido uno porque al final las cosas pequeñas de la infancia, esas que no se borran son iguales en cualquier parte. Y esté donde esté, sí que han cambiado las nuevas generaciones, ellos recordarán su infancia con un sabor distinto.
Y ten cuidado que lo cascarrabias puede ser nocivo.
Un beso
=*
Febrero 6, 2008 a las 2:11 pm
Q nos hacemos mayores esta claro, q nos dejamos cosas por hacer tb, pero seguro q habras hecho otras q jamas habrias pensado. A mi se me van las horas pensando en las canas, en las arrugas, en los kilos… en todo lo q nos hace sentirnos mayores, y sin embargo cuando pienso en cuando era niña…. yo siempre quise ser mayor!!!!! Lo q mas echo de menos es jugar a las canicas. De repente un dia me dijeron unos niños q yo ya era muy mayor para jugar a las canicas con ellos y entonces pense: ***os crios!!!!
Febrero 6, 2008 a las 4:03 pm
ARENA: Antes calvo que con canas, me temo, y el coche en el garaje lejos del balón
El 18 lunes, anotado queda para intentar no faltar.
PEJOOE: La infancia que parecía ligera qué pesada se vuelve a veces. Claro que queda por jugar, los balonazos por recibir y los que vamos a dar
DANELÍ: En general sí que han cambiado, claro, y mucho, pero da gusto reconocerse en algunos detalles. Lo de cascarrabias no sé si es tarde para cambiarlo…
RO: De vuelta por Scotland ya? Claro que he hecho cosas que nunca hubiera imaginado, pero yo nunca quise ser mayor ni llegar a los 18 ni, como a ti, que me dijeran que ya no tenía edad para leer cómics.
Febrero 6, 2008 a las 11:47 pm
Tanto es así que no es sólo que uno se vea desempeñando el papel de pureta que antes se veía irremediablemente lejos, sino que le da por pensar si estos niños (”niñatos”, a veces se nos escapa) tienen todavía menos verguenza que los de nuestra quinta. Hasta que se da cuenta de que los que realmente estamos echando a perder el patio somos siempre los mayores. Los de nuevo cuño o los que llevamos ya un tiempo instalados en el pureteo, tanto da. Creo que yo me tomaré otro batido de estricnina de esos, si no le importa a usted.
Febrero 7, 2008 a las 12:22 pm
CIESO: Hombreee. Claro que tienen menos vergüenza, y menos respeto. El pureteo, ay, ¿no hay paso intermedio entre el síndrome de Peter Pan y eso? Barra libre de batido, ¡faltaría más!