7:15 AM
Esta mañana el calefactor con que intento insuflar algo de calor al cuarto de baño a primera hora ha presentado su baja voluntaria sin preaviso ni nada. He quedado con la cuchilla en la mano y la espuma resbalando por la garganta mirando cómo la hélice poco a poco perdía velocidad hasta quedarse quieta mientras a la vez el baño lentamente se enfriaba. El locutor de la radio ajeno al drama privado seguía dando cuenta del drama público: inflación, manipulación, corrupción, maltratación, asesinación… año nuevo, mismo apocalipsis. He tenido que meterme corriendo bajo el agua hirviendo de la ducha para no morir congelado. Sí, uno no adora el verano por capricho, uno es harto friolero.
El caso es que el calentador fue un regalo de B’ al poco de comprarme la casa cuando nos escondíamos aquí del mundo y aún no había calefacción que socorriera nuestros cuerpos al perder temperatura. Mientras veía morir el chisme inevitablemente he pensado ella y no he dejado de hacerlo hasta llegar a la oficina y verme atropellado por el retorno a la normalidad. Aquello fue un año exacto de comedia romántica, de finales de agosto a primeros de septiembre del año siguiente, ella más o menos hacía de Caroll Connelly y yo de Melvin Udall, acabó como suelen hacerlo las cosas que llegan rápidas: con la misma celeridad, subida vertiginosa, apogeo breve pero intenso y caída en picado. Pero lo inolvidable de B’ fue que me dio por el camino algo impagable que aún hoy moralmente agradezco. Hizo todo lo que pudo por devolverme algo de vital importancia que había perdido (o me habían arrancado) años atrás. Lo consiguió sólo en parte, primero porque la empresa era titánica y segundo porque le faltó tiempo para completarlo, aun así no sé qué materiales utilizó para la reconstrucción pero sí conozco bien los resultados: tres años después de despedirnos en Barajas para no volver a vernos nunca su obra sigue intacta, inabordable, indestructible, y lo mejor de todo es aquello que garantiza su continuidad: nadie sabe que existe.

Puedes pedirme lo que quieras,
puedes pedirme lo que quieras,
tú te mereces una corona de estrellas.
Enero 8, 2008 a las 1:59 pm
Vivímos rodeados de objetos que encierran recuerdos impagables. No nos percatamos de ellos hasta que, por algún motivo, los perdemos. Entonces sucede que te devuelven todas aquellas vivencias por multiplicado.
Me he identificado bastante con la situación y me ha encantado como has definido la relación.
(Aprovecha las rebajas para comprarte uno, libre de recuerdos)
Saludos!!
Enero 8, 2008 a las 2:39 pm
pero qué de historia puede tener un puto calefactor!!!
que fuerte todooooo
Enero 8, 2008 a las 3:21 pm
Eso sí que es una faena… frío y la pérdida de un objeto con valor sentimental, todo de golpe :S
Mi niño se mete conmigo porque odio el frío y me encanta el verano (todo lo contrario que él). Lo del valor sentimental de los objetos… creo que nunca me desharía de nada (así tengo los armarios y los estantes ¬¬)… incluso un puñetero billete de tren (un papel usado, al fin y al cabo) me trae tantos recuerdos como para mantenerlo guardado en una caja junto a otras cosas. O un jersey o… cualquier cosa… supongo que somos masocas o algo así.
El próximo calefactor será el que te compraste cuando se te estropeó aquel que te regaló B’
Enero 8, 2008 a las 4:03 pm
Viva B’ y su capacidad reconstructora!!!!
Yo lo cierto es que no tengo apego a nada.. me desprendo de todo, me recuerde cosas o no.. no soy nada nostálgica…
En realidad, lo importante es esa capacidad de “madalena de proust” que tiene lo más insospechado.. un calefactor cualquiera,y te hace pensar en B’.. y en todo lo que te dió.. a veces, es impresionante lo que se da a veces sin que quien lo da lo sepa y ni siquiera el receptor lo sepa…
Enero 9, 2008 a las 6:01 pm
PEJOOE: Noooo, yo tengo montones de objetos que no soy capaz de tirar precisamente por tener presente el montón de tonterías que me recuerdan. Ahora que con todo se comercia ¿no tendrán uno con los recuerdos ya incorporados?
GILDA: ¿Pero qué es eso de “puto”? ¡Anda que no le tenía aprecio al trasto!
LA QUE NO ENCUENTRA SU SITIO: Sí, mala forma de comenzar el día. ¿Cómo es que te quedas billetes y jerseys y regalas los libros?
ELENA: Me podías donar un poco de desapego, no? Creo que incluso me cuesta menos tirar a la basura algo útil que dejó de funcionar antes que algo que no funcionó nunca, raro que es uno. Se podría decir que tengo la casa repleta de magdalenas de Proust, sí
Enero 12, 2008 a las 2:46 am
Tu y tus misterios……….