Otra vez
Diciembre 31, 2007Ni que se acabara el mundo, todos intentando quedar para tomar algo, cañas copas aperitivos cafés lo que sea, arrastro una resaca permanente como un tatuaje en la cabeza y que a estas alturas aunque quisiera escribir tópicos sólo me deja tonterías enbotadas. Esto se acaba ¿por fin? a 31 de diciembre como el cierre del ejercicio económico, pero lo podrían hacer coincidir con el final de la liga de fútbol dejando el periodo veraniego en un limbo entre año y año, entre taquicardia y formulario, desde luego en ese traje me vería mucho más cómodo, comenzando el año en septiembre a la vuelta de las vacaciones poco antes de que el cielo se nuble, la flora caiga muerta por el suelo y los días se acorten y terminando en julio en pleno orgasmo de luz y calor corriendo desnudo hacia la playa en un perfecto espejismo de libertad. Pero no es así claro y es hoy, dentro de un rato largo cuando regrese el ritual de la bola y los cuartos y que cada vez hay más espacio entre campanada y campanada para que los abuelos no se atraganten con las uvas, supongo que tiraré con fuerza de la cadena para que 2007 se vaya limpiamente por el desagüe, pero ignoro si la fuerza con que pienso tirar es real, específica con respecto a los últimos 365 días, o hubo un año en que tiré con verdadera ansiedad y quedó para siempre marcada la sensación de liberación al terminar el año, el ejercicio, la temporada o el vía crucis. Todos los treinta y unos de diciembre me resulta imposible cuadrar el balance y termino pensando que en realidad no hay forma de que lo haga, nunca, para nadie, ¿o sí? ¿o no? ¿hay balance posible siquiera? No sé si han compensado los picos de felicidad con los grandes valles de la rutina y menos con aquel amargo desfiladero que tuve que atravesar y del que aún quedan secuelas, no hay modo de entender ni descifrar en qué punto estoy, si es que estoy en un punto reconocible donde situarme, aunque sea por analogía con otra persona. Da siempre la impresión de que ha sido un año cualquiera, no muy diferente de los últimos anteriores, una veloz transición hacia ninguna parte, sigue quedando todo por aprender y apenas nada que merezca la pena recordar ¿Ciudad del Cabo, Sevilla, Valencia… curiosamente cuando estaba lejos de casa y casi ni era yo? Sí, claro, es facilísimo de escoger porque nada más cerrar los ojos me vienen a la memoria esos lugares aparte de las pequeñeces con que me voy contentando, pero quizás lo grande de este año es que no resulta fácil encontrar momentos duros porque en realidad casi no ha habido nada que no se saliera de los márgenes del vaivén habitual del estado de ánimo y de las collejas que te va dando la vida para mantenerte despierto, fuera de las arpías habituales y los hijos de puta que siempre te vas a encontrar no he tenido desgracias familiares ni descalabros irreparables en el trabajo ni amigos que se fueran donde no los pudiera ir a visitar. Supongo que por eso algo extraño parece diáfano: tengo cierto sabor dulzón en el paladar, y no sé cuánto lleva ahí y cuándo piensa quedarse pero es algo agradable a lo que agarrarse, podría ser el final de la últimas certezas masticadas o que ya estoy salivando las próximas decisiones a tomar, podría buscar factores externos donde se me antojara, tras las montañas o debajo del agua, pero sé de sobra dónde está lo único irrompible que va a acompañarme hasta que la muerte nos lleve por delante, así que a veces resulta imbécil obcecarse en tratar de volver a inventar la rueda, el fuego o las gafas de sol, ¿está todo dentro de uno mismo? Lo más práctico vuelve a ser dejarse llevar por el autobús general y volver pronto a la cómoda normalidad después de los abrazos, los besos, los brindis y una nueva resaca con el contador ése que nos hemos inventado otra vez a cero para rellenarlo con los más dulces sabores de una vida por completo insustancial. Aquí, ahora mismo, si paro la música, no se escucha nada, el viento, y cuando el viento para, un silencio mortal, podría ser la calma que precede a la tormenta, o la que viene después de ella, podría ser la calma que reina en el desierto, pero es fácil imaginar tras las puertas el mismo bullicio en el interior de todos los pisos, las familias enteras haciendo preparativos y esperando al hijo que siempre aparece tarde porque ¿qué estará haciendo que no llega? Pues escribir algo en el blog porque como muchas otras veces pero más en este día, apetece desparramar palabrejas, como si necesitara excusa, talento o algo nuevo que decir, ya ven.
Feliz 2008 bloger@s.

Publicado por Chucho