Che

Hace unos días un blogero con el que a primera vista lo más que comparto es el aprecio por las canciones de Andrés, tuvo a bien comentar un post e incluyó entre sus palabras esa expresión: che.

Che hace mucho que no me suena a revolucionario, me suena como cuando abres una lata de cocacola y escuchas ése murmullo, pero en vez de burbujas lo que encuentro es el sonido de la descomunal melancolía que siento por una serie de lugares, por una luz limpia que no conocía y por un milagro de agua que curaba las heridas y por el abrazo húmedo del aire que me recibía siempre que bajaba la ventanilla al entrar con el coche por la Avenida del Cid.

Che son los arroces de tres mil formas preparados que probé en un montón de sitios, es el tacto del abrigo que siempre llevaba conmigo y luego tenía que dejar en casa porque la temperatura resultaba casi siempre más suave, es el comienzo azul del segundo disco de La Habitación Roja que ella puso un día mientras desayunábamos y me lo tuve que llevar, es el bullicio de la ciudad entera en estado de efervescencia al bajar del Alaris en la Estación del Norte con la mochila al hombro la semana previa a Fallas y encontrar su sonrisa de oreja a oreja esperándome con un pañuelo azul y blanco en el cuello, es caminar despacio admirando el atestado Mercado Central para llegar paseando a las Torres de Quart porque las había visto a lo lejos y tenía curiosidad, es sentarse en aquel local de la Alboraya donde me bebí un litro de horchata mojando fartons porque nunca la había probado mejor, es pasear por la Malvarrosa un atardecer otoñal con el viento de cara y su perro corriendo alrededor para que volviéramos a tirarle la pelota, es salir por la noche a emborracharnos en la barra de aquel bar de El Carmen donde trabajaba su amiga, es escuchar la historia del brazo de San Vicente guardado en la Catedral bajo el sonido de las campanas del Micalet y descansar fumando algo al solete en el parquecito con césped que había enfrente, es conducir su coche en aquella excursión a cenar cocas de dacsa y escuchar su voz melosa pidiendo una rondita de mistela para terminar, es disfrutar a pesar de ser enemigo del ambiente que se generaba por los alrededores de Mestalla las noches de partido, es burlarse de mis intentos por aprender las expresiones en su idioma para tratar de pasar desapercibido, es esperar a que acabaran las obras en la Ciudad de las Artes para pasar el día entre la fauna inverosímil y los experimentos científicos, es bajar a dar una vuelta por el antiguo cauce del Turia en una primavera que brillaba como ninguna, es despertar a su lado en el apartamento de Blasco Ibáñez apretados en una cama de setenta, es charlar con los parroquianos del bar de abajo cuando bajábamos a cenar apresurados antes de ir a algún concierto en Viveros, es observar su piel de sabor salado dorándose despacio al sol de todos aquellos veranos, es no acostumbrarme nunca a las insoportables despedidas de los domingos antes de regresar a la rutina escuchando el Carrusel, es la eterna discursión sobre por qué a un café con hielo lo llamaba del tiempo y por qué le echaban siempre una rodaja de limón, es recordar incluso los postres que hacía su abuela, que según tengo entendido aún pregunta por mi.

Che me trae de vuelta lo feliz que era a su lado compartiendo su entorno y lo inesperado que fue para mi encontrarme allí como en casa, ahora sólo me falta vodka en el minibar para preparar una buena jarra de Agua con que terminar de nuevo borracho con el sabor de entonces, porque sigo sin conseguir aceptar que dejarla fue una de las dos mayores equivocaciones de mi vida, que ha pasado un lustro y sigo anclado en un ciego arrepentimiento, mirando el mismo mar, convertido en canción de Serrat, sin poder olvidarla.

 

 

Y creo que nunca le di las gracias.

8 comentarios para “Che”

  1. Elena Dice:

    Oh!

    Y a tiempo de darselas no estamos?? Pregunto.

  2. trasdopenedo Dice:

    pensaba que eras uno pero ahora tengo mis dudas… ¿quien eras?

    sin cara y solo con letras me confundo… que rollo…

  3. Chucho Dice:

    ELENA: no, ya no estamos. A estas alturas ya no tiene sentido y aunque pareciera correcto, no sirve para nada.

    TRASDOPENEDO: jo, yo creía que habías acertado a la primera, ahora también me haces dudar a mi…

    Buen fin de semana largo!

  4. cnimqucdp Dice:

    Maravillosa descripción de Valencia, esa ciudad q por lo q veo ud conoce tan bien, demasiado bien… el parque en frente del micalet, es la plaza de la reina :)

    Los lugares nos evocan personas, momentos, estados de ánimo… si dicen que recordar es volver a vivir, ud sigue viviendo, y mucho.

    Un saludo.

  5. Chucho Dice:

    CNIMQUCDP: sigo viviendo allí, jeje, la verdad es que me encantaba Valencia y tengo muchos buenos recuerdos. La plaza de la reina, eh? espero volver… Salud!

  6. Marcos Dice:

    Hacer un recuento de las mujeres que han pasado por tu vida, de una forma u otra, debe ser ardua tarea. Sobran canciones de amor, cada cual tiene la suya y podría a buen seguro ser protagonista de una. Pero las mejores son las que no acaban bien, las que no cuentan con una letra que diga cómo debería ser sino como debería haber sido…

    “We sat in an empty theater and we kissed,
    I asked ya please to cross me off-a your list.
    My head tells me it’s time to make a change
    But my heart is telling me I love ya but you’re strange.”

  7. Chucho Dice:

    MARCOS: hacer una canción de amor que acabe bien me parece un contrasentido! El recuento es al revés, me sobran dedos en las manos para contarlas. Dylan, eh? hum…

  8. Marcos Dice:

    Dylan… Siempre.

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