Chuks

Mayo 29, 2007

Abrí la puerta y me eché a un lado para que salieras. Mientras cerraba tú caminabas por el pasillo hacia el ascensor, iluminada entre las ventanas por la primera luz de la mañana, revolviendo el bolso en busca de esas gafas de sol panorámicas que te ocultan media cara. Seguí con la mirada el suave ritmo de goma de tus zapatillas.

Veinte minutos antes, sentados sobre la cama, me mirabas sin parpadear mientras yo liaba un cigarrillo, cogiendo con papel de fumar el tabaco y las palabras porque contigo nunca estoy seguro de en qué frontera situarlas. Disfrutaba enfrentando tu mirada por una vez en silencio, recordando como en flashes suaves las cuatro o cinco ocasiones anteriores en que coincidimos por los planes de los demás, y cómo cada vez que venías algo tuyo volvía a sorprenderme, y nunca he sabido si era algo nuevo que venías ensayando frente al espejo como un mimo que no necesita el maquillaje o era mi mala memoria que borraba tu humor disparatado para que otra vez pudiera volver a disfrutar de lo mismo como si fuera la primera.

Ojalá nunca volvieran a alejarse por la autopista ni quedar por el viento esparcidas tu imaginación y tu locuacidad. Ojalá atravesáramos juntos durante milenios el interminable paraje de encajes voladores que gobierna el contagio de tu risa.

Luego he recordado que también había quien no te quería por costumbre o por envidia, sin embargo comparando tu don con lo vulgar que te sustituya me alegro de haberlo conocido, a pesar de tener que perderlo de vista.

Quiero más gente como tú alrededor que, aunque no le den sentido, al menos contribuyan a hacer de este infierno algo divertido.

 

 

y ahora en la habitación
todo tiene otro color
es tan diferente…