Dos: desayuno

Abril 30, 2007

Ayer me desperté temprano y despejado, cosa rara en domingo. Me di cuenta caminando descalzo por el pasillo con los ojos muy abiertos sin bostezar ni maldecir ni jurar no volver a beber. Mientras exprimía naranjas y miraba por la ventana el cielo azul otra vez pensé ¡Qué luz tan diferente a la que vi ayer! Se acerca el verano a velocidad de crucero y para cuando llegue no quiero estar como estoy. Ni parecido. Saltaron las tostadas con un olor alegre de buena mañana y busqué por el armario la mermelada con una mano encendiendo con la otra la radio.

Calculaba de nuevo lo bajo que me he dejado caer y trataba de predecir lo que tardaré en volver a remontar el vuelo. Es exagerado lo poco con que he llegado a conformarme, lo mucho que he llegado a forzar el ánimo, el interés superficial que he tenido que aparentar. Todo ese imbécil esfuerzo que ha consumido tiempo y energía como si nunca fueran a agotarse no me ha reportado nada. Nada.

Debí perder el norte en algún punto del invierno, la brújula debió marearse, no lo recuerdo bien.. no sé, la cuestión es que pensaba todo esto, desayunando un domingo, a punto de estrenar el mejor mes del año, mudando la piel.

Encendí el cigarro que acompaña al café asomado a la ventana. Por muy patético que haya podido volverme una situación así tampoco dura mucho (y nunca demasiado), porque al tercer tumbo acabo por entrar en razón, le pego una patada al timón y vuelvo de enderezar el rumbo.

En esas estoy. Y este sitio va a ser testigo..